Liderar y los problemas


Uno de mis cuentos favoritos para trabajar el liderazgo es biográfico y me encanta.  Cambiaré los nombres para no afectar a nadie.  

Ocurrió el año mil novecientos y tanto, en el grupo de estudios que vuestro servidor cursaba por esos días. Estábamos en plena etapa de las relaciones humanas que un viejo amigo de la época, René Salgado, llamó "estupidez pasajera".  Así, producto de este estado de las relaciones, para la mayoría de nosotros el grupo era "perfecto".  Fue un buen tiempo.

Debíamos elegir un representante y XX levantó la mano para proponerse.  Varios consideramos que dada su experiencia en partidos políticos y sus ganas, XX era uno de los más adecuados de entre nosotros para el cargo. Al poco tiempo la estupidez pasajera se pasó y los delegados elegidos, incluido XX, tuvieron que hacer su trabajo: acoger las inquietudes del grupo, representarlas a las autoridades académicas, etc.  Sorpresivamente, XX presentó su renuncia indeclinable al cargo argumentando que "había demasiados problemas".  No podía entender tamaña comprensión de su rol de liderazgo, y aún hoy, sigo sorprendiéndome de su explicación.  

A veces creemos, como XX, que liderazgo es figuración, poder, privilegios. En la perspectiva de la mayoría de los modelos de liderazgo vigentes hoy, ocurre exactamente al revés.  En general, los modelos actuales, coinciden, la menos en dos puntos acerca del liderazgo:

1.- Una acción, no una característica del ser de las personas, sino de lo que hacen.

2.- Un servicio, no un privilegio.  Las más de las veces quien ejerce el liderazgo realiza un trabajo por los demás que no siempre es recompensado.  En palabras de Ronald Heifetz "Los soldados salen de las trincheras a luchar porque les preocupan sus compañeros de pelotón"  ("Liderazgo sin límites".  Paidós, Barcelona, 2003).

Así visto, XX, no tenía la actitud mínima para liderarnos.

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