¿Erré o acerté? ¿Quién sabe?


Sabiduría no es información.  La sabiduría profunda de la que estamos escasos, porque de información tenemos más de la que podemos digerir, está muy presente en la cultura popular, en la experiencia cotidiana de las personas.  De la experiencia y saber oriental nos llega a través de la pluma del sacerdote jesuita A. de Mello en su libro "Sadhana", e intervenido por mi, este maravillosos cuento.  Sépanlo, saboréenlo, por favor:   "Una historia china habla de un anciano labrador que tenía por único bien material un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaban para condolerse con él y lamentar su desgracia, el labrador les replicó: ‘¿Desgracia o fortuna?¿Quién sabe?’ Luego de esta respuesta los vecinos se molestaron con él: “empobrecido de bienes y de conciencia", decían. Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos fueron a la casa del labrador a felicitarlo por su buena suerte. Este les respondió: ‘¿Fortuna o desgracia? ¿Quién sabe?’. Los vecinos, de nuevo, salieron incómodos de la respuesta y tranquilidad que mostraba el anciano. Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una prueba objetiva, inobjetable, final, de la desgracia que desde el principio había tenido la historia de este granjero. Quizás, decían, sea este un signo, de la desgracia natural de la vida entera de este pobre hombre y, -porque no decirlo-, de toda la humanidad. No así el labrador, quien se limitó a decir: ‘¿Desgracia o fortuna?¿Quién sabe?’ Ni les digo las cosas que en el pueblo se contaban del labrador cuando los generosos vecinos que fueron a verle escucharon esta respuesta. Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones para ir a la guerra. Cuando vieron al hijo del poblador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. ¿Fortuna o desgracia? ¿Quién sabe?

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