Creo que para un profesor serio cada clase debiera querer ser una obra de arte. Debiera ser, potencialmente al menos, un momento mágico de aprendizaje, de mejora de las potencialidades individuales y grupales de todos quienes participan de él. La clase debiera ser, repito, un momento tan valioso que quienes participen de él puedan sentirlo como una oportunidad real de ser mejores personas. Es también un momento que es fruto del trabajo de planificación y ejecución de un "artista", pero que simultáneamente, es hijo de la magia del momento, de la sutil mezcla de factores presente en una aula de formación. De estos factores, el principal es el grupo de estudiantes. Cada clase debiera ser entonces una instancia planificada, dirigida a objetivos pero abierta también al devenir propio de los sistemas complejos que somos las personas cuando nos congregamos.
Imagino que para mis colegas que hacen cuarenta horas semanales, que "han perdido la voz haciendo clases" como denuncia con vigencia el poeta, decir lo que digo es una torpeza sin nombre. Aún así, con respeto, quiero decir que la instancia de reunión entre un profesor y personas que necesitan en mayor o menor medida de la colaboración de éste y de sí mismos para desarrollarse, es un tiempo de una densidad ética muy alta por las siguientes razones:
1.- Profesor y estudiantes son personas, nunca pueden ser ser tratados como cosas ni como medios. Sus necesidades y derechos de expresión y atención son inalienables.
2.- Los seres humanos necesitamos desarrollarnos. De hecho, somos humanos, en tanto hijos de una evolución o deriva, no somos una especie "automática" u obvia en la historia de nuestro planeta. Si hemos llegado a ser, también podemos dejar de ser lo que somos.
3.- El tiempo que los seres humanos tenemos para desarrollarnos tiene límites en términos vitales, - de los 0 (cero) a los x días -, y en términos de participación de una reunión de aprendizaje, - tal cantidad de minutos por día.
4.- Podemos hacer de la clase una obra de arte. Hay ejemplos de que es posible. Innumerables. Que la cultura actual ponga esta pretensión como una ilusión, no es argumento para negar su posibilidad.
Para el momento de la historia en que hablo, el modelo que me resulta más fácil pensar la clase como una obra de arte es el modelo de "Aprendizaje Experiencial" (D.Kolb, 1984) el cual será tema de mi próximo posteo. Un abrazo.
Imagino que para mis colegas que hacen cuarenta horas semanales, que "han perdido la voz haciendo clases" como denuncia con vigencia el poeta, decir lo que digo es una torpeza sin nombre. Aún así, con respeto, quiero decir que la instancia de reunión entre un profesor y personas que necesitan en mayor o menor medida de la colaboración de éste y de sí mismos para desarrollarse, es un tiempo de una densidad ética muy alta por las siguientes razones:
1.- Profesor y estudiantes son personas, nunca pueden ser ser tratados como cosas ni como medios. Sus necesidades y derechos de expresión y atención son inalienables.
2.- Los seres humanos necesitamos desarrollarnos. De hecho, somos humanos, en tanto hijos de una evolución o deriva, no somos una especie "automática" u obvia en la historia de nuestro planeta. Si hemos llegado a ser, también podemos dejar de ser lo que somos.
3.- El tiempo que los seres humanos tenemos para desarrollarnos tiene límites en términos vitales, - de los 0 (cero) a los x días -, y en términos de participación de una reunión de aprendizaje, - tal cantidad de minutos por día.
4.- Podemos hacer de la clase una obra de arte. Hay ejemplos de que es posible. Innumerables. Que la cultura actual ponga esta pretensión como una ilusión, no es argumento para negar su posibilidad.
Para el momento de la historia en que hablo, el modelo que me resulta más fácil pensar la clase como una obra de arte es el modelo de "Aprendizaje Experiencial" (D.Kolb, 1984) el cual será tema de mi próximo posteo. Un abrazo.
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