En la clase magistral el supuesto inicial es que el único que sabe es el profesor. Error porque los estudiantes saben mucho por el modo propio, imperfecto si quieres, como el tuyo también, acerca de la tarea y el regalo de vivir.
El supuesto dos es que la información es la clave. Error porque si lo fuera ya viviríamos harto mejor, ya habríamos dejado de cometer las barbaridades que a diario cometemos ¿no creen? La clave, lo que debemos generar es sabiduría para vivir mejor.
El supuesto tres es que hay que pasar materia. La materia, la tan valorada información esté en todas partes y de fácil acceso. Hay que hacer materia, construir conocimiento relevante para la vida, sabiduría la fin.
Como dice el maestro Maturana es la convivencia la que transforma, no la información.
No haga clases de ética, hable de ética viviéndola, viviendo el respeto por usted y sus estudiantes, viviendo la divergencia con asombro, placer, curiosidad.
No hable de liderazgo: ejérzalo y deje, por favor, que sus estudiantes también lo ejerzan en la clase. Traiga a colación todos los textos que quiera siempre que los habiten en la clase, que los miren como una experiencia: ¿qué nos dicen? ¿qué tiene, o no, que ver con lo que nos pasa a nosotros?
Y así con las matemáticas, el lenguaje y todos las conversas nutritivas que pueda tener con sus estudiantes que para eso sí vale la pena estar ahí, creo yo.
El supuesto dos es que la información es la clave. Error porque si lo fuera ya viviríamos harto mejor, ya habríamos dejado de cometer las barbaridades que a diario cometemos ¿no creen? La clave, lo que debemos generar es sabiduría para vivir mejor.
El supuesto tres es que hay que pasar materia. La materia, la tan valorada información esté en todas partes y de fácil acceso. Hay que hacer materia, construir conocimiento relevante para la vida, sabiduría la fin.
Como dice el maestro Maturana es la convivencia la que transforma, no la información.
No haga clases de ética, hable de ética viviéndola, viviendo el respeto por usted y sus estudiantes, viviendo la divergencia con asombro, placer, curiosidad.
No hable de liderazgo: ejérzalo y deje, por favor, que sus estudiantes también lo ejerzan en la clase. Traiga a colación todos los textos que quiera siempre que los habiten en la clase, que los miren como una experiencia: ¿qué nos dicen? ¿qué tiene, o no, que ver con lo que nos pasa a nosotros?
Y así con las matemáticas, el lenguaje y todos las conversas nutritivas que pueda tener con sus estudiantes que para eso sí vale la pena estar ahí, creo yo.
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